[i love you, lets text]

by David Fridman


  • Como vas con la niña con la que estas saliendo?
  • Pues no se, ya le mande request en Instagram pero no me ha aceptado.
  • No han hablado?
  • Si, por Whatsapp.
  • Y que dijo?
  • Me mandó una carita de beso.
  • Bien!
  • Pero sin el corazón.
  • Ouch.
  • Le contesté con un gatito con ojos de corazón y ya no me contestó.
  • Seguro se le acabó la pila.
  • No porque después de eso la ví conectada en Facebook y aparte puso un tweet del clima.
  • La stalkeaste?
  • Que te importa.
  • Pero le dio like a tu foto, no?
  • Si pero no salía yo, era la foto de mi spaghetti.
  • Mándala a la chingada, pinche perra.

Esta es una platica que tuve la semana pasada con una amiga. Lo mas interesante de todo esto es que it makes complete sense.  Vivimos ahora en la época en la que un “like” puede hacer o destruir una relación.

Hay un antiguo proverbio chino que dice “Una relación sana es una relación en la que ninguna de las dos partes tiene redes sociales”. En pleno Siglo XIVIVW eso está cabrón. El manual del ligue se re-escribió cuando empezamos a dejar que Twitter y Whatsapp tengan mas peso en nuestras vidas que una good old fashioned carta de correo escrita a mano como le hacían nuestros ancestros en la guerra.

Esto puede jugar a nuestro favor o en nuestra contra. Las aplicaciones internetiles pueden facilitarnos la vida. La comunicación es mas rápida, el intercambio de información es inmediato y los malentendidos y suposiciones están a la orden del día.

Saber si le gustas a alguien o no es ahora un arte que nadie domina. Si tu actitud es valemadrista en una plática por Whatsapp (entiéndase tardarse horas o días en contestar, o solo poner un “ok” o un thumbs up), esto puede significar que la persona te vale madres. Pero también puede significar que la persona te interesa mucho y que estas haciéndote el difícil. Obviamente si contestas al segundo, la otra persona va a decir “Ha! La traigo muerta, hijoles que needy vieja, mejor me voy con la que tarda una semana en contestar mi saludo porque soy un pendejo.”

Es como si tuviéramos que desarrollar una parte nueva en nuestros cerebros para entender y saber jugar el juego de las palomitas verdes. Nos hacemos chaquetas mentales cuando mandamos un mensaje y no lo contestan. Es importante que nos quede claro a todos que - si, las compañías celulares son una mierda - pero tu mensaje SI fue enviado y SI fue recibido y si no lo contestan es por una de las razones antes descritas.

Así se siente.

Así se siente.

Stalkear es un tema muy delicado. Para entenderlo es necesario ir a la raíz de la palabra etimológicamente.

       

        Stalk: verbo, indagar por pendejo.           

 

Stalkear esta en nuestra naturaleza humana. Y con Facebook y Twitter y Instagram tan accesibles, es mas fácil hacerse millonario cachando billetes en la cabina-torbellino de TVO que no ceder a las ansias de ver en que anda tu hopefully significant other.

Mi muy buena amiga (cuyo nombre omitiré) es una experta en stalkear a sus galanes y siempre acaba saliéndole el tiro por la culata (esto no es de ninguna manera una especie de albur). Cada que stalkea se encuentra con una foto o un post o un like que le da en la madre y se enoja y hay una especie de regresión incómoda a cuando tenía 14 años. El día que entendamos que el que busca encuentra, nuestras vidas van a ser mas sencillas y todos podremos stalkear sin que se nos suban los triglicéridos del coraje.

Otro punto importante a tocar es que nadie es tan guapo como en sus fotos de perfil. Diosito me ha bendecido con un grupo de amigos agradables a la vista. Y obvio todas sus fotos de perfil salen especacularmente guap@s y photoshopead@s. Pero déjenme decirles algo: una vez que conocemos a la persona recién despertada o ebria hasta los tanátes, ninguna foto de perfil de portada de Vogue va a hacer que  nos quitemos la imagen de la lagaña en el ojo. La honestidad hoy en día se mide por la cantidad de filtros que le ponemos a nuestras profile pics.

Este tipo de comunicación mouderna nos hace tener que adaptar nuestros métodos de aceptación de que si te gusta alguien, necesitamos activar nuestro quinto sentido para saber cual es el juego que están jugando; que si nos mandan a la chingada por whatsapp, es totalmente válido; que un follow pesa mas que un “estas muy guapa” en persona; que basta con un like de una rival de amores para volvernos mas inseguros que EPN en la feria del libro.

Y ni me voy a meter en el tema del unfollow en Twitter porque no quiero ser causante de otro desfile como el de las Olimpiadas del ’68.

Así que yo opino que, a pesar de que esta tan padre nuestro mundo cibernético del futuro y robots, no dejemos morir el arte de hablar por teléfono, de mandar cartas escritas y de dejar de interpretar chats a nuestra conveniencia. A menos de que tengamos 17 años, ya no estamos para dramas porque si nos ponemos de divas, todos vamos a morir solos.